domingo, 27 de julio de 2014

Capitulo 1 -Entre Dos Amores- Parte 2

—Tiene una reunión a última hora de la tarde. Algo que ver con la política a seguir con los depósitos especiales. Quizá llegue un poco tarde a la fiesta.
Beth la empujó hacia el cuarto de baño.
—Y tú también si no te preparamos. ¡Y no olvides depilarte las piernas!


Pedro Alfonso entró en el garaje que había junto a los establos y apagó el motor. Bajó y cerró de un portazo. Ahí estaban los Cadillacs idénticos de sus padres, el último modelo de BMW de su hermano y la vieja furgoneta de él con el logo de Construcciones Alfonso & Klegman, que exhibía más de una abolladura.
Un disfraz de pirata que colgaba en la parte de atrás del coche de Federico captó su atención. ¿Su hermano como pirata? No lo imaginaba. Federico era el tipo que llevaba chinos almidonados y náuticos.
Cruzó el césped cuidado de River Oaks hasta la parte posterior de la mansión. El regreso del hijo pródigo. Sabía exactamente cómo lo consideraba su padre.
Desde temprana edad, había tenido propensión a buscarse problemas. No recordaba bien el momento en que se había dado cuenta de que era diferente del resto de la familia.
Pero la línea había quedado bien trazada por la época en que había descubierto que lo que principalmente le importaba a su familia era el dinero y la posición y ellos que a él le importaba un bledo lo que pensara la gente.
Los Alfonso no iban en motos grandes y negras, no lucían tatuajes, no llevaban pendientes ni se ganaban la vida con algo tan inferior como el trabajo físico. Poco les importaba que hubiera sacado un diploma en ingeniería civil ni que tuviera más dinero en el Colther Community Bank que el que jamás iba a necesitar. Había mancillado su éxito al asociarse a Dave Klegman, un neoyorquino trasladado al sur.
No, Pedro no parecía un caballero del sur. No se comportaba como tal. No juzgaba a la gente por su apellido ni por el dinero que pudiera o no tener. No estaba a la altura de los patrones de los Alfonso.
El ruido familiar que oyó a través de la puerta de la cocina lo hizo sonreír. Thunk-rolllll, thunk-rolllll, thunk-rolllll. Ruth amasando para un pastel. Una variedad de olores llenaba el aire de la tarde, recordándole años juveniles como si se tratara de un álbum de fotos. Pollo y pudin de carne, tarta de zarzamora, pepinillos en salmuera, calabacines... parte de sus mejores recuerdos de niño. Ruth había cocinado y dirigido la casa de River Oaks desde antes de nacer él.
Entró en la cocina. Ruth se detuvo con el gesto de amasar sin terminar y su rostro arrugado se abrió en una sonrisa.
—Bendita sea mi alma, eres una visión de paz para unos ojos cansados. Hace casi dos meses que no te vemos.
—Llevo seis semanas en Mississippi por un trabajo importante. Ya hemos cerrado el trato .
—Bueno, es agradable tenerte en casa — agitó el palo de amasar en su dirección—. ¿Te has limpiado las botas?
—Limpias como un silbato. Y tú sigues tan bonita como una flor —le pasó un brazo por el cuerpo amplio y le dio un beso en la mejilla arrugada. Aunque tenía el pelo blanco como la nieve, los ojos azules mantenían su agudeza. Miró la montaña de comida que había sobre el aparador—. ¿Preparando la gran fiesta de cumpleaños de la abuela Pearl?
—Llevo cocinando tres días —lo miró con severidad—. Vas a venir, ¿verdad?
—¿Desperdiciaría una oportunidad de estar al abrigo del seno familiar? El tío Jack se emborrachará —siempre lograba hacerlo en cada reunión familiar. Le caía bien el viejo reprobó. Ambos compartían el gusto por los problemas—. Y la abuela agitará su bastón y amenazará con desheredar a todos. No me lo perdería por nada del mundo —el estómago le crujió—. ¿Existe alguna posibilidad de que quede algo de pollo y pudin de carne?
—Tendrías que haber aparecido a la hora de la comida como la gente decente, y así habrías podido comer algo —pesar de los rezongos, le sirvió una porción generosa.
—No querría estropear mi reputación haciendo algo que pudieran hacer las personas decentes —aceptó un cuenco con una sonrisa—. De hecho, estaba comprobando la lista para la nueva ampliación de la biblioteca. El equipo empieza a trabajar el lunes.
—Paula está entusiasmada. Ha trabajado mucho para recaudar el dinero —Ruth y el padre de Paula Chaves afirmaban ser parientes lejanos. Siguió amasando.
—Debe de haberse dejado... las cejas. Se ha encerrado en su biblioteca castillo como si fuera una torré de marfil. ¿Cómo está lady Paula? Hace años que no la veo.
Solo pronunciar su nombre le provocaba un nudo en las entrañas. Trece años atrás, había sabido que era demasiado buena para él. Cuando se apartó y huyó a la carrera como si la hubiera corrompido, había jurado mantenerse alejado de ella. Ese día había hablado con la bibliotecaria adjunta, pero Paula, con sus solemnes ojos grises y aire de no me toques, había estado llamativamente ausente.
Ruth frunció unas cejas delicadas.
—Te iría mucho mejor con alguien como Paula que con esas mujerzuelas de las que estás demasiado avergonzado como para traerlas a casa a presentárselas a tu madre.
No prestó atención al comentario de Ruth mientras comía. Le gustaban las mujeres que iban tan deprisa como su moto. No estaba avergonzado, simplemente jamás había estado lo bastante interesado como para llevarlas a su casa.
—Tus guisos cada vez son más ricos.
—Cambiar de tema no cambia el hecho de que deberías dejar de ir detrás de mujeres promiscuas.
—¿Debería ir detrás de la hermosa Paula? —rio, pero la idea no sonaba tan ridícula como habría imaginado.
—No —se puso a amasar—. Fede se te ha adelantado. Han estado saliendo juntos —soltó con aparente desaprobación.
Sobresaltado, Pedro se detuvo con la cuchara en mitad del aire y el cuerpo tenso.
—Paula y Federico? —él no era un esnob, pero su familia desde luego que sí... era una de las principales diferencias que los separaban—. ¿Saliendo? ¿Desde cuándo?
—Mes y medio, quizá dos meses.
—Más o menos desde que me fui a Mississippi.
—Mmm —cortó la masa con diestra economía de movimientos y recubrió dos moldes, que luego rellenó con manzana y canela—. ¿Te los puedes imaginar?
Pedro depositó el cuenco en la encimera, perdido el apetito. De hecho, el problema era que podía imaginárselos. Al parecer Dulce no había huido cuando el respetable Federico la besó. Trece años y todavía recordaba la dulce inocencia de sus labios, la fugaz llama de pasión.
No puede ir muy en serio. No llevan tanto tiempo.

Ruth introdujo los pasteles en el horno y se irguió.
—¿Cuánto crees que hace falta? —lo miró con expresión sombría.
No era asunto suyo y no le importaba, a pesar de que la idea de que Fede y Paula estuvieran juntos era como una espina clavada debajo de la uña.
Se apartó de la encimera.
—He venido a ver a mi madre. ¿Sabes dónde está?
—La señora Alfonso fue hacia el río. Últimamente ha dedicado las tardes a pintar. El coronel está en su estudio.
Los dos sabían que había añadido el paradero de su padre no para que pudiera ir a buscarlo, sino como una advertencia. Quizá su madre no lo entendiera, pero lo quería con toda su alma. No se podía decir lo mismo de su padre.
—Gracias, Ruth. Estupendo guiso, como de costumbre —salió por la puerta trasera de la cocina y se dirigió hacia el sendero que rodeaba la terraza y conducía colina abajo al río Cohutta. Sacó un puro fino y se detuvo junto a las ramas gruesas de un roble para encenderlo.
—¿Cuánto tiempo vas a tener que seguir viendo a esa chica Chaves?
La voz de su padre se transmitió con claridad por los ventanales abiertos del estudio. Pedro apagó el mechero y mantuvo el puro sin encender apretado entre los dientes. Aunque no podía ver al coronel, el desdén en la voz pintó con claridad la expresión de enfado que debía de estar mostrando.
—Solo un poco más. Es una princesa de hielo, pero cederá. Si es necesario, le pondré un anillo en el dedo —Fede rio con sorna.
La gente juraba que Federico y él tenían la misma voz. A veces ni su madre era capaz de distinguirlos por teléfono.Pedro esperaba no parecer un asno pomposo. Parecía que su hermano no había conseguido conectar con la pasión que había bajo la superficie de Paula.
—Santo cielo, espero que no llegue a eso. Pero haz lo que tengas que hacer. Hay mucho en juego aquí.
Vaya, vaya, vaya. ¿Federico salía con Paula porque ella podía ayudarlo de alguna manera? Se frotó la barbilla.
—Esta noche, en la fiesta, la invitaré al cumpleaños de la abuela.
 ¿Qué hilos podía tirar a favor de un poderoso Alfono? Fuera lo que fuere, no presagiaba nada bueno para Paula.
Se apoyó en la corteza áspera del árbol y acalló su instinto de protección. Paula era una adulta. Podía cuidar de sí misma. Él no era el héroe de nadie y quería que siguiera siendo de esa manera. No quería estropear su reputación.
—¿Y qué hay de... —el sonido del teléfono privado de su padre enmascaró el nombre—. ¿Estará allí?
El «sí» de Fede coincidió con otro timbre del aparato.
Su padre contestó, mantuvo una breve conversación y colgó.
—Era Boswell. Tienes que encontrarte con su hombre esta noche.
—Pero, ¿y la fiesta? Ya he comprado un disfraz de pirata.
El disfraz que había visto en el coche.
—Olvídate de la fiesta. Podrás conseguir la información final para la subasta luego. Ver al hombre de Boswell es más importante.
¿Boswell? ¿Había oído ese nombre? Eso se tornaba más interesante por momentos.
—Pero es un trayecto de tres horas en coche. No regresaré hasta las dos de la mañana.
—Cállate, hijo. Estamos tan cerca que ya puedo oler el dinero. Llévate la furgoneta de la granja. Tu coche atrae mucha atención y no queremos eso.
Pedro movió la cabeza disgustado. Federico siempre había sido un adulador, pero, ¿cuándo se había convertido en el títere de su padre?
—Maldita sea. Gasté un montón de dinero en mi disfraz de pirata.
—Cierra la boca con lo del disfraz. Póntelo cuando vuelvas a casa —espetó el coronel—. Tienes que marcharte en una hora. Pasa por aquí antes de irte y tendré el dinero preparado.
En el interior de la casa, se oyó una puerta al abrirse y cerrarse.
Pedro se apartó del roble y regresó al garaje. Vería a su madre al día siguiente en la fiesta de la abuela Pearl. ¿Qué diablos tramaban su padre y su hermano? ¿A quién, aparte de Paula, había planeado ver Federico en la fiesta de esa noche y qué información necesitaba?
Podía marcharse y fingir que nunca había escuchado esa conversación. Una luna llena esperaba, pesada y madura en el cielo mientras el sol se deslizaba hacia el horizonte. Lo dominó una inquietud familiar. Entró en el frescor oscuro del garaje y encendió las luces.
Se fijó en el disfraz. La funda de la espada hizo resplandecer sus engañosas joyas. La peluca oscura tenía el mismo largo que su propio pelo, que le llegaba a los hombros. Era una llamada al lado salvaje que siempre anidaba en su alma. Esbozó una lenta sonrisa al ocurrírsele una idea.
El coche. El disfraz. El club de campo. La compañía. La oportunidad había llamado a su puerta y respondía. Federico y él tenían la misma voz y prácticamente la misma complexión. Su pelo era más oscuro, pero con luz bajá y un disfraz, si lograba descifrar quién era el contacto misterioso, quizá obtuviera respuestas. Y tal vez uno o dos bailes con Paula. Luego, si le soltaba algo de información, nadie podría malinterpretarlo como un interesado gesto de caballerosidad. Sería nivelar el terreno de juego.
¿Por qué no? ¿Qué podría ser más adecuado para un pirata? ¿Y qué podía salir mal en un par de horas de una única noche?

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Continuaraaaaaaaaaaa!!! 
Espero que les guste! Comenten porfiii!! Estoy sin internert, porque se me quemo el moden...  Asique no se cuando voy a subir, mañana seguro que no.. Pero el martes casi segura que si!
Espero que comenten! Porfiii! 

Capitulo 1 -Entre Dos Amores- Parte 1

—Esta noche serás la más bella del baile — alabó Beth agitando el bote de tinte para el pelo delante de Paula.
Paula se detuvo para echar más almidón sobre un pliegue del vestido que estaba planchando para el baile de disfraces.
—Eso no me preocupa —arguyó—. Estoy encariñada con mi pelo castaño, gracias. ¿Por qué iba a querer cambiarlo por el rojo?
Beth se estiró en la cama con dosel de su amiga.
—Podrías tratar de desterrar ese escudo de puritana. Estarías deslumbrante. Un poco de tinte en el pelo, unas lentillas y a vestirte como si de verdad tuvieras veintinueve años y no sesenta y cinco.
La efusiva Beth no podía entenderlo. Paula no estaba interesada en deslumbrar... aparte de que nunca había considerado que tuviera carácter para ello. Beth era una fuerza de la naturaleza. Paula era una roca. Y le gustaba.
Puso los ojos en blanco y reanudó la discusión eterna.
—Tengo alergia a las lentillas, como tú bien sabes —mentalmente repasó su guardarropa de faldas y blusas conservadoras—. Y me visto como una bibliotecaria de veintinueve años con buen gusto...
—Quizá deberías pedirle prestado algo a Delfi...
—Cuando los cerdos vuelen ---su hermana mayor mantenía una filosofía de moda opuesta: la menor cantidad de ropa para mostrar la mayor cantidad de piel, que en la parte superior de su cuerpo era exuberante. Bajó la vista a su pecho relativamente plano—. ¿Me imaginas con uno de los tops de Delfi? Aunque me atreviera a mostrar tanto, aquí no hay nada. Me sobraría tela para hacerme una falda.
—De acuerdo. Ahí te doy la razón. Pero no tienes el inconveniente de que se te caiga el pecho. Y con respecto a este color...
Había dedicado mucho esfuerzo y cuidados a cultivar un «aire» conservador, de buen gusto.
Siempre experimentaba la sensación de que todo el mundo en la ciudad la miraba... a la espera de que tuviera un desliz, de que hiciera algo inapropiado.
Durante una fracción de segundo, la sombra de la añoranza la tentó. Pero pasó. Movió la cabeza.
—Olvídalo. No pienso parecer una mujer de mal gusto. Esta noche Fede quiere hablar de algo importante —el pensamiento le provocó una sonrisa involuntaria.
—¿De qué? —Beth frunció el ceño con suspicacia.
No lo sé, pero parecía importante.
—Lleváis saliendo un mes quizá te lo proponga. El sexo siempre es importante para los hombres. A la misma altura que respirar, comer y ver la televisión —suspiró y colocó el tinte para el pelo en la mesita de noche.
—Beth, tienes una mente muy sucia.
—¿Qué tiene de sucio eso? Habéis salido media docena de veces. Te ha besado, ¿verdad?
—Sabes que sí —dos veces, para ser exacta... en ambas ocasiones, el beso había resultado ser un punto final agradable y mecánico para la velada. Al principio había considerado a Fede un amigo, muy atractivo e influyente. Pero, últimamente, la relación había cobrado un giro más íntimo. Aunque todavía no tanto—. Varias veces ha mencionado el cumpleaños de su abuela. Creo que va a invitarme a la fiesta. Parece más probable que sexo —examinó el vestido—. Creo que ya está.
Apagó la plancha y colgó el vestido. El color púrpura oscuro complementaba su piel blanca y cabello oscuro. Al menos esa era la opinión de la vendedora.
—Hmmm —Beth observó el vestido que cubría los tobillos—. Casi tan rígido y recto como Fede. Estoy segura de que él lo aprobará.
Paula se sentó en el borde de la cama y cruzó las piernas a la altura de los tobillos. Hortense saltó y apoyó su inmenso peso en su regazo. Rascó a la gata detrás de las orejas y centró su atención en Beth. Por lo general, su amiga era de una franqueza brutal. Pero llevaba semanas dando rodeos y soltando comentarios sarcásticos.
—Si no te cae bien, ¿por qué no lo dices?
—No me cae bien.
Hortense secundó la opinión con un breve maullido.
—¿Por qué?
—Para empezar, es arrogante —levantó un dedo pecoso—. Es un esnob —levantó un segundo y luego se les unió un tercero—. Y piensa que es todo eso.
—No es justo. Ha representado una gran ayuda para recaudar dinero para la nueva ampliación de la biblioteca. Y es responsable de que el club de campo me haya invitado al baile de disfraces de esta noche. Podré recaudar doscientos dólares más —«aparte de que creo que él podría ser el Hombre que espero». Pero no era el momento de dar esa noticia.
—Eso es —Beth chasqueó los dedos—. Estás atontada porque te ayudó a recaudar dinero. Hasta Freddie Kruger te gustaría si te ayudara en tu biblioteca.
—Haces que parezca la beep del pueblo. Es verdad, agradezco la ayuda de Fede con la biblioteca. ¿Sabes la diferencia que va a suponer esa nueva sección infantil...?
—Claro que sí, porque ya me lo has contado —cortó Beth antes de que pudiera lanzarse a su tema favorito—. Muy bien, ¿qué te parece esto? Ayer cuando pasé por el banco a hacer un ingreso, lo sorprendí admirando su reflejo en la ventana de la oficina —exhibió una mueca de disgusto.
—¿Y? —percibió el tono de voz a la defensiva.
—Se sentía tan satisfecho de sí mismo... Apuesto a que tuvo una erección.
—¿Qué?
—Ya me has oído —desafió.
—Si vas a mostrarte desagradable, no pienso escucharte.
—¿Sales con el tipo ese y crees que su erección es desagradable?
—No. Es desagradable que tú hables de ello. Lo más probable es que estuviera arreglándose la corbata —ella lo había visto mirándose en el espejo una noche que salieron a cenar—. Es muy meticuloso con su aspecto — dejó a Hortense en la cama y recogió de la mesilla la nueva laca para las uñas. Una vida de inseguridades asomó su fea cabeza. —. A veces me pregunto por qué sale conmigo — comenzó a pintarse las uñas.

—¿Estás loca? Eres inteligente, graciosa, atractiva, tienes éxito... Y eres diez veces mejor que él.
Miró a Beth con una ceja enarcada. Era propensa a la exageración y no pudo resistir la tentación de provocarla.
—¿Diez veces? ¿De verdad?
—Dulce, tienes que dejar atrás esa etiqueta de «chica de los barrios bajos» que te has puesto a ti misma.
—Vamos, Beth, mi familia alimenta una buena parte de los cotillees que corren por aquí. Y yo no tuve que ponerme ninguna etiqueta. Nací con lo de Hija del Borracho del Pueblo.
En ocasiones anhelaba el anonimato y la libertad de vivir donde su entorno no la definiera. Pero marcharse sería como conceder la derrota... aceptar su título y esconderse avergonzada. No, hacía tiempo que haba jurado que se quedaría y demostraría que un Chaves podía contribuir con algo más que dinero para pagar una fianza.
—Hablando de tu familia —Beth dobló las piernas al estilo indio—, oí que la noche pasada Gonzalo fue arrestado por ebriedad y desorden público.
—Sí —suspiró resignada—. Mi hermano ha decidido mantener la tradición familiar. Hasta lo encerraron en la vieja celda de mi padre. Hace que una se sienta orgullosa.
—Y tú le pagaste la fianza.
—Claro. Y luego lo llevé a su casa junto a Darlene —su cuñada había prometido no volver a dejarlo salir. Movió la cabeza—. Gonza tiene un buen corazón y una buena cabeza, cuando no está borracho. Pero juraría que pasa la mitad de su vida ebrio y la otra mitad recuperándose.
—¿Y qué me dices de Delfi? ¿De verdad dejó a Earl por Tim? Esa chica cambia de maridos casi tan a menudo como yo de ropa interior.
—No lo sé —se encogió de hombros, ya que no estaba al corriente de las últimas aventuras de su hermana. A menudo tomaba decisiones poco inteligentes. ¿Habría dejado a su tercer marido para irse con el mejor amigo de él?—. No me lo contaría porque sabe que considero una locura el modo en que vive.
—Tú, Paula, eres prueba viva de que la mutación genética existe. Incluso podría pensar en la adopción, pero te pareces demasiado a ellos. Aunque no te comportes como ellos. Jamás he visto a un miembro de la familia tan distinto del resto.
La madre de Paula juraba que nada más nacer había sabido que su hija menor era distinta. Así como había bautizado a sus otros hijos en honor de estrellas del country Delfina Wynette y Gonzalo Robbins, su tercera hija no parecía una Loretta o una Tanya, ni siquiera una Patsy. De ahí que la bautizara en honor de una de sus actrices favoritas de televisión. Paula aún recordaba con claridad a su madre pasar horas delante de sus series predilectas. Claro está, antes de que Alejandra Chaves  abandonara a su familia. Hacía veintitrés años que no sabía nada de ella.
Dios sabía que quería a la única familia que le quedaba, su padre, Gonza y Delfi, pero la exasperaban. La frustraban. Había dedicado la vida a superar su estigma de nacimiento de ser la hija del borracho de la ciudad.
¿Era tan distinta de ellos? De vez en cuando cedía al impulso y se iba a bucear, castigaba al miserable de Bennie Krepps cuando atormentaba a un gato perdido, asistía a la despedida de soltera de Willette Tuttle en un club de boys, bailaba desnuda a medianoche durante una tormenta de verano en la intimidad de su patio trasero. Si alguna vez soltaba las firmes riendas con las que se controlaba, ¿tomaría las mismas decisiones desacertadas que el resto de la familia?
Quizá fuera una persona superficial, tal vez fuera una mala persona, pero el hecho de que un pilar respetado de la comunidad hubiera elegido salir con ella, representaba una especie de legitimación.
No era una caza fortunas, en absoluto. No era por coches bonitos ni diamantes. Fede, vicepresidente del banco propiedad de su familia, le ofrecía la respetabilidad que tanto anhelaba.
Tapó el frasco de la laca y movió los pies en el aire para que se le secaran las uñas.
—Lamento que Fede no te caiga bien. Hacemos una buena pareja.
—Mmmm —bufó Beth—. Si fuera por mí, yo me iría del otro lado del árbol genealógico. Siempre Pedro antes que Federico. Hablando de otra anomalía genética. Jamás he visto a dos hermanos que se parecieran tanto y fueran tan diferentes.
—No bromees —contuvo un leve escalofrío.
Pedro, la oveja negra de la familia Alfonso, la inquietaba. Por fortuna, vivía en otro condado.Fede y él se movían en círculos diferentes. Y aunque la empresa de Pedro había ganado el contrato para levantar el ala nueva de la biblioteca, se encontraba fuera del estado, de modo que era su socio quien llevaba el proyecto.
—¿Qué tienes en contra del pobre de Pedro? ¿Qué te ha hecho?
La invadió el recuerdo del beso del «pobre» Pedro trece años atrás. ¿Lo habría hecho por un desafío de sus amigos? ¿Por una broma? Aún no tenía ni idea de por qué la había besado. Había huido como si la persiguiera el diablo y jamás se lo había mencionado a nadie. Y no pensaba confesarlo en ese momento. Ese beso la había obsesionado durante años.
—Pedro nunca me ha hecho nada. Lo que pasa es que no es mi tipo —con solo mencionar su nombre se ponía nerviosa. Fue a la cómoda, sacó un par de amatistas de entre sus pendientes y los alzó—. Lo que no puedo entender es que alguien nacido entre privilegios y oportunidades los desdeñe.
Beth dio su aprobación con un gesto de la cabeza, y regresó al tema de Pedro.
Es un rebelde, de acuerdo. Creo que nació con un lado salvaje. Pero, cuando al final esos chicos malos sientan la cabeza, resultan buenos maridos —movió la cabeza—. Si no hubiera invertido cinco años en Chuck y ya lo tuviera casi entrenado...
Paula rio, dispuesta a aprovechar cualquier tema que no fuera Pedro Alfonso.
—La fuerza se te va por la boca. Chuck es un santo —bueno, quizá el marido de Beth no fuera un santo, pero era un hombre muy agradable, lo más próximo a santo esos días—. Por no mencionar que es el padre de tu hijo.
Beth, embarazada de nueve semanas, sonrió mientras se frotaba el vientre.
—Bueno, eso es verdad. Será mejor que vayas a ducharte si quieres que te ayude con el pelo y el maquillaje. ¿A qué hora pasará a recogerte Fede?
—He quedado con él en el club de campo a eso de las ocho y media. Antes de irme, tengo que ver cómo está papá, y no hace falta que me lleve a Fede hasta allí.
—¿El Señor Arrogante es demasiado bueno para acompañarte hasta la granja? —preguntó Beth con una mueca.
No. Ya ha estado. Y fue muy amable — quizá había reído con exceso de cordialidad y se había mostrado un poco condescendiente, pero su padre no se parecía en nada al de él.
Con unas cuantas cervezas encima, su padre no había tenido ningún problema en someter a Fede a un recorrido por la granja en la furgoneta destartalada. De hecho, había sido Fede quien había solicitado el recorrido. Borracho a sobrio, su padre mantenía que sin importar cuánto dinero se tuviera en el banco o enterrado en el patio de atrás, si un hombre tenía tierras, poseía una riqueza inigualable. Aunque la mosquitera estuviera sujeta con cinta aislante. Nunca más le había pedido a Fede que la acompañara.

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sábado, 26 de julio de 2014

Prologo -Entre Dos Amores-

Paula se movió en la fría grada de cemento y cerró los ojos feliz. Se arrebujó en el jersey del grupo de caridad de la iglesia y absorbió el momento. La fresca noche de otoño. La marcha de la banda y el cántico de las animadoras. El resplandor de las luces que iluminaban el campo en la noche por lo demás oscura. El olor a palomitas, a perritos calientes y a chocolate caliente. La oleada de entusiasmo colectivo en las gradas y en el campo.
—Tierra a Paula.
Parpadeó y vio la mano pecosa de su mejor amiga, Beth, delante de su cara.
—Me encantan los partidos de fútbol.
—Sí —suspiró Beth—. ¿No está guapísimo Chuck Lamont con su ropa de deporte?
Paula puso los ojos en blanco y sonrió. Era una pregunta retórica. Beth no esperaba una respuesta.
Sintió un hormigueo en la nuca... la sensación de que alguien la miraba. Giró la cabeza. Justo al borde de las gradas había un grupo bullanguero, que atraía las miradas de desaprobación de los padres. Se sintió atraída hacia los ojos azules de Pedro Alfonso, un poco apartado de esa multitud. Duro. Salvaje. Mayor. El estómago se le atenazó y el corazón se le aceleró al tiempo que la invadía una oleada de timidez. Él movió la comisura de los labios en un amago de sonrisa.
De no saber que era imposible, por un momento fantasioso podría pensar que uno de los chicos más sexys del instituto coqueteaba con ella. Intentó devolverle la sonrisa. La incomodidad que sentía produjo algo más parecido a una mueca.
Apartó la vista antes de quedar como una absoluta tonta.
—Bueno, ¿quién quiere la exclusiva? —la voz de Amy Murdoch flotó desde dos filas más adelante hasta Paula y Beth.
Lucy Jacobs y Melissa Bowers, sentadas a ambos lados de Amy, manifestaron con chillidos su entusiasmo.
Beth hizo una mueca, imitándolas.
—Suenan como cerdos engrasados en una carrera —musitó.
Agradecida de poder concentrarse en cualquier otra cosa que no fuera su intercambio imaginario con Pedro, Paula rio de forma disimulada.
—Sí, más o menos.
Aunque Amy bajó la voz a un nivel de conspiración, les llegaron fragmentos. Lucy y Melissa jadearon de forma visible.
—... despreciable...
—... en la sangre de ella... su madre huyó... otro hombre...
—... Paula... honor... sociedad... nació... igual...
Paula contuvo las lágrimas y sintió la humillación. No hacía falta ser un científico para rellenar los espacios en blanco en la conversación.
Se puso de pie con el deseo de escapar.
—Zorras —musitó Beth, mirando el vaso con chocolate caliente y las espaldas de ellas—. Reúnete conmigo en los aseos. Tengo que ocuparme de una cosa.
Dulce bajó por las gradas y se lanzó detrás de ellas, desesperada por encontrar un sitio en el que ocultarse. Se obligó a respirar de forma entrecortada. Las palabras no paraban de darle vueltas en la cabeza, quemándola con su veneno... Paula... nació igual... En la oscuridad, se pegó al cemento frío.
Alzó la vista un momento. Pedro Alfonso entró en las sombras con ella. El corazón de Paula se puso a latir con frenesí. Con una mano enguantada se secó el goteo de lágrimas detrás de las gafas.
—¿Paula? ¿Te encuentras bien? —las manos grandes la tomaron de los hombros. Ella experimentó un temblor.
—Estoy bien —graznó.
Debería sentirse amenazada. Pedro medía un metro ochenta, con hombros anchos, aparte de que reinaba la oscuridad detrás de las gradas. Pero parecía preocupado de verdad.
—¿Estás segura? —con las manos enguantadas trazó unos círculos en los hombros de ella.
A pesar de las capas de ropa y guantes, su contacto le produjo un cosquilleo que nunca antes había experimentado.
Se acomodó las gafas sobre la nariz.
—Sí, estoy bien —contuvo el aliento. Nunca había imaginado cómo olía un chico de cerca. Distinto que las chicas. Interesante. Excitante.
—Bien.
Otras .chicas lo habrían anticipado, pero la sorpresa la inmovilizó cuando él se acercó y la besó. Había soñado con besos. Había leído sobre ellos.
Pero nada la había preparado para lo verdadero. La boca de Pedro se pegó a la suya, dura y caliente. Se inclinó hacia él y se lo devolvió, entregada a la necesidad espontánea que la atravesó.
... Paula... nació igual... Se dijo que no podían tener razón. Pero ese era el modo exacto en que se comportaban las chicas que habían nacido en los barrios bajos. ¿Por eso él la había seguido? ¿Besado? ¿Acaso era fácil? ¿Despreciable?
Horrorizada, se apartó de Pedro. Corrió fuera de las sombras a la mayor velocidad que la llevaron sus piernas temblorosas.
No era así. No lo era y se lo demostraría. A ellas. A él. Y a sí misma.


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Continuara!!
Espero que les guste! Comente porfi! Si es en el blog mejor!! Me encanta leer los comentarios... Los leo a todos! 

viernes, 25 de julio de 2014

Sinopsis -Entre Dos Amores-



                                      Entre dos Amores




Tenía que rescatarla de las maquinaciones de su hermano
Paula Chaves era la bibliotecaria del pueblo, pero también era la hija del borracho más conocido del lugar, por eso habría hecho cualquier cosa por ganarse el respeto de sus vecinos... incluyendo casarse con el rico, aunque aburrido Federico Alfono. Sin embargo, durante aquella fiesta de disfraces, Federico fue todo menos aburrido, de repente se había convertido en un hombre aventurero, peligroso... y muy, muy sexy. Pero Paula ni siquiera podía imaginar que aquella increíble atracción iba a llevarla a la cama equivocada... 

El intrépido Pedro Alfonso pensaba que lo único que hacía al hacerse pasar por su hermano durante la fiesta de disfraces era rescatar a Paula de las ambiciosas maquinaciones de Fede. Pero una vez que tuvo a aquella maravillosa mujer entre los brazos no pudo seguir pensando. La química había surgido entre ellos de manera inmediata... y el sexo había sido explosivo, pero la verdad hizo que todo aquello se convirtiera en un auténtico desastre...



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Acá la sinopsis de una nueva nove adaptada!! Espero que les guste! y que comenten! Aca si pueden mejor! leo todos los comentarios!! 

jueves, 24 de julio de 2014

Capitulo 10 -Lazos de Amor- Pate 2 {Final}

-          Seas Pedro Alfonso o Morgan me caso contigo,
-          Fantástico,  espero te guste, - Pedro extrajo de la mesita de noche un estuche que le cortó el aliento al abrirlo, un delicado anillo brillaba dentro de él  y pronto estuvo en su mano–
-          Es hermoso, cuándo lo compraste, - Paula lo veía asombrada -
-          Un día antes de ir a la cabaña, ¿recuerdas te dije era momento de hablar de sentimientos? – ella asintió – bueno ese fin de semana te quería proponer matrimonio y decirte en mi vida le había pedido a una mujer se casara conmigo porque la amaba con locura, perdóname por haberte dicho tanta tontería luego de enterarme habías estado casada con Federico,
-          Nunca es tarde para hablar de los sentimientos puros y verdaderos,
-          Totalmente de acuerdo contigo.

Comprobada la paternidad de Horacio Alfonso sobre Pedro, él decidió hacer totalmente legal este hecho; desafortunadamente los trámites para ser oficialmente Pedro Alfonso serían muy tardados, había muchas cosas a cambiar, después de todo tenía toda una vida con el apellido Morgan como estandarte,

-          Será tardado cambiar todo, - el señor Alfonso observó el tiempo estimado para que todos los papeles de Pedro Morgan cambiarán a Pedro Alfonso, -
-          Lo sé, pero vale la pena, papá, - la palabra le causo gran alegría al señor Alfonso – me siento muy orgulloso de ser un Alfonso, ¿quieres más limonada?
-          No gracias, pero si esto tarda tanto atrasará la boda con Paula, - Y eso no le agradaba en lo absoluto, quería cuanto antes esa unión quedará como Dios y los hombres mandaban -
-          Sólo tres meses, tiempo en el cual planearemos la boda, ¿no es así amor?,
-          Efectivamente, mi acta de nacimiento es lo primero a cambiarse y es todo cuanto necesito para unirme con el amor de mi vida, lo demás poco a poco irá saliendo,

Realmente el tiempo para cambiar sus papeles no le preocupaba, lo que si le angustiaba mucho era la amenaza de su madre, había pedido incluso asesoría a un abogado a escondidas de Paula para no preocuparla, la respuesta no lo dejó muy tranquilo y decidió salir a tomar un poco de aire evitando ser descubierta su desazón por su futura esposa,  

-          Te noto muy pensativo hijo – Horacio lo había visto desde la ventana de su cuarto y a pesar de la distancia supo requería de él -
-          Me asustaste papá, - tan absorto estaba en sus pensamientos que no se percató cuando dejó de estar solo -
-          ¿Qué te pasa?
-          Nada, estoy bien, sólo quise salir a ver las estrellas, - esquivó su mirada previendo pudiera notar la gran preocupación que ocupaba su rostro -
-          No tuve la dicha de conocerte desde chico, pero Federico alguna vez me dijo una vena se te marcaba cuando estabas preocupado y si mi vista no me falla tienes algo aquí saltando
-          Jamás imaginé mi hermano me conociera tan bien – eso era una mentira, desde luego Federico lo conocía lo suficiente como para saber Paula era la mujer idónea para él -
-          ¿Todavía lo dudas?, conoció a Paula y supo era la mujer idónea para ti – él sonrió con esa aseveración - 
-            Tienes razón, tengo algo, - quizás compartiendo su preocupación lograba aminorar su desazón -
-          ¿Quieres contármelo?, quizás con un golpe de suerte pueda ayudarte,
-          Voy a decírtelo pero por favor no lo comentes con Paula, no quiero preocuparla,
-          Soy una tumba – Pedro le contó la amenaza de su madre, Horacio Alfonso intentó no perder la calma – con que esas tenemos, amenazando con hacerle daño a mi nieto, a mi nuera y a mi hijo, no sabe con quien se va a encontrar
-          No te entiendo papá,
-          Tú deja todo en mis manos,
-          Pero…
-          Confía en mí, te juro por la memoria de Federico tu madre se olvidará de hacerles daño, sólo necesito la hagas venir,
-          Ella vendrá por si sola, puedes asegurarlo, cuando tenga todo listo para hacerme ceder vendrá,
-          Bien, la esperaremos preparados para la batalla, quiero sepas algo importante de lo cual ahora me arrepiento mucho,
-          ¿Qué papá?
-          Hace veinte y tantos años yo no moví un dedo para quitarle la custodia de Federico, ni usé unas pruebas que un colega me hizo llegar con las que hubiera destruido a Paula en dos segundos,
-          ¿A qué pruebas te refieres papá?
-          Morgan se fue a Inglaterra porque aquí se comenzaron a correr rumores de que era un defraudador, un colega quien sabía de mi situación me dio las armas para hacer de esos rumores una realidad, más yo destruí el archivo,
-          ¿Por qué hiciste eso?
-          Yo amaba mucho a Ana y no quise lastimarla – además ella le había implorado por el bebé en su vientre no dañar al progenitor de este - más eso hoy es historia, si ella quiere alejarte del amor de tu vida o hacer algo en contra de Paula, descubrirá quien soy de verdad,

La plática con su padre lo tranquilizó, entre ellos dos harían frente a cualquier cosa que quisiera emprender su madre. Con cada día de convivencia, añoraba poder dar vuelta al reloj y haber tenido la oportunidad de ser una familia feliz, tantas cosas magnificas hubieran podido compartir,
-          Yo no sé porque mi mamá se fue con M. Morgan, él era un hombre parco, casi nunca sonreía y la engañó muchas veces,
-          Duro pero cierto, se fue por dinero, ella consideraba el dinero le daría la felicidad y yo no tenía las agallas para hacerme rico, siempre trabajé honradamente, lo cual según ella jamás me llevaría a la cima del mundo,
-          Puedo jurarte no ha sido feliz, aunque aparente tener todo le ha dado la dicha, sé no es así, mi madre jamás fue dichosa,
-          Jaula de oro algunos le llaman,
-          Pero no deja ser jaula,
-          Así es, parece que tenemos visitas, - Pedro Alfonso se asomó por la ventana, Paula estaba arriba durmiendo una siesta con el pequeño Federico, al ver de quien se trataba juró en cuanto lo viera vivo le daría un infarto –
-          ¡Es mi madre!
-          Si, sube con Paula, yo me haré cargo de todo
-          ¿Seguro papá?,
-          Ve tranquilo, antes me mata que hacer algo – No muy convencido Pedro subió como se lo indicó su padre, luego de unos minutos, Horacio Alfonso abrió la puerta para luego de años volver a verse cara a cara con su ex esposa –
-          Busco a Pedro, veremos sino te casas hijo
-          Pues no lo hará salvo con Paula – la voz hizo palidecer a Ana, más cuando sus ojos se posaron en el hombre quien le había abierto la puerta – Buenas tardes Ana,
-          ¡Horacio!
-          Querida, por qué tan pálida, parece como si hubieras visto un muerto,
-          Tú estás muerto – debía estarlo, años atrás había hecho esa visita en la cual le recriminó estar poniendo a su hijo frente a la muerte, gracias a su pobreza la vida de Federico que tanto habían peleado pendía de un hilo y todo para que su padre borracho se sintiera orgulloso de él. Tras sus crudas palabras, Horacio había tomado la decisión de desaparecer de la vida de Federico para que él pudiera dejar la milicia y disfrutar de la oportunidad de vivir una vida fácil al lado de Ana, aunque su Federico no había tomado esa salida, había servido a su país y ayudado a cuanto ser humano tuvo la capacidad de hacerlo -
-          Para tu desgracia no lo estoy y sabes algo gracias a Dios estoy vivo, porque me entere de una cosa muy importante, una mentira tuya,
-          Dios mío no, - los ojos de Ana perdieron su órbita y se dejo caer en el sillón sintiendo un terrible terremoto bajo sus pies  -
-          Dios mío si, a pesar de tu injerencia el mensaje de Federico llegó a Pedro y a mí, ya sabemos que somos padre e hijo,
-          Federico se volvió loco, Pedro es hijo de Morgan, de nadie más,
-          ¿Segura?, porque las pruebas de ADN que nos hicimos mi hijo y yo revelan lo contrario, - Horacio le estiró un sobre con los resultados del laboratorio, Ana los destruyó sin si quiera leerlos -
-          Pedro no es hijo de un perdedor,
-          Tienes toda la razón, yo no soy ningún perdedor, aunque algunos años creí tu veneno Ana, me aleje de mi hijo por no sentirme a su altura, pero sabes Federico a pesar de todo me quería y creía era un hombre que valía mucho,
-          Quiero hablar con Pedro,
-          Mi hijo por ahora está ocupado con su futura esposa y mi nieto,
-          Su futura esposa está en Londres y sino quiere dañar a Paula más le vale hacer lo que yo…
-          Para tu carro Ana, aquí quien va a poner los puntos sobre las ies soy yo, pero que descortés soy,  ¿quieres algo de tomar?
-          No tengo tiempo para perderlo con tus juegos, aquí tengo una orden con la cual en menos de un día tendría a Paula en un psiquiátrico y a su hijo bajo mi custodia,
-          Haber, déjame ver ese documento – prácticamente Horacio le arrebato el folder a su ex esposa, leyó el contenido y frunció el seño - 
-          Bueno querida, si que tienes abogados corruptos y no me dejas otra más allá de ponerme a la altura, cuánto pagaría una revista por entrevistas al ex esposo de Ana Morgan,  seguro la cifra será interesante, más cuando mencione yo soy el verdadero padre de Pedro,
-          No te atreverías a tal cosa, - si algo importaba a Ana además del dinero era su cuidada reputación de señora de alta sociedad -
-          Ganaría muy buen dinero, pero estoy dispuesto a negociar contigo mi silencio a cambio de dejar en paz a nuestro hijo, permitirle ser feliz al lado de la mujer a quien ama,
-          Tú no te atreverías a hacer algo que me dañara, - la seguridad en sus palabras hizo soltar una carcajada a Horacio-
-          En el pasado efectivamente jamás hubiera hecho algo que te lastimara, pero hoy por hoy, las cosas han cambiado, mi única prioridad en la vida es defender a mi familia, la cual está integrada por mi hijo, su futura esposa y mi nieto, tú no estás ni mínimamente incluida en el paquete,
-          ¿Y piensas que me voy a tragar tu amenaza?, jamás fuiste capaz de nada, te faltan agallas Horacio
-          Jamás me faltaron agallas, simplemente te amaba demasiado y fui capaz de renunciar a todo por tu felicidad, pero te repito, hoy por hoy estoy dispuesto a todo con tal de defender la felicidad de mi hijo y te juro por la memoria de Federico así deba matarte para lograrlo, no cederé, esta vez Ana vas a conocer al verdadero Horacio Alfonso, toma, aquí está un previo de todo cuanto podría decir a una revista, léelo con calma y me avisas si quieres pelea, ahora si me disculpas es hora de mi siesta, - el señor Alfonso abrió la puerta y cortésmente le indicó se retirara –
-          Esto no se va a quedar así, siempre he logrado lo que he querido,
-          Pero esta ocasión no será de esa forma, vas a aprender lo que es perder Ana, lo vas a aprender.

El documento elaborado por Horacio Alfonso era prácticamente como cianuro para la reputación de Ana Morgan, todos sus amigos y la alta sociedad la despreciarían al conocer su penoso pasado; sin embargo años atrás él había ocultado todos los documentos comprometedores que hubieran llevado a su difunto esposo tras la cárcel, por amor a ella y además por el bebé en camino. Revelar todo cuando decía en el papel afectaría a Pedro, pero sobre todo a ella, así que considerando todavía Horacio Alfonso amarla con locura, aunque él lo hubiera negado, Ana hizo el primer movimiento intentando meter a Paula a un psiquiátrico al tener un documento donde un doctor Inglés aseguraba había quedado frágil de sus facultades luego de la penosa muerte de su esposo Federico Alfonso

-          ¡Compró un certificado de que estoy loca!
-          Bueno nuera si estás un poquito
-          ¡Señor Alfonso!
-          Bromeaba hija, ven déjame abrazarte – Paula hizo una mueca de indignación, la cual cambió por unas cuantas lágrimas cuando el señor Alfonso la abrazó –
-          ¿De verdad cree estoy loca?,
-          En lo más mínimo, ¿verdad papá?
-          Desde luego hijo, como dije únicamente estaba haciendo un chascarrillo y para que ambos quiten esa cara de susto, debo decirles hace dos semanas yo llevé un estudio que le realizaron a Paula a la muerte de Federico y considerando fue elaborado por personal de la Fuerza Armada de los Estados Unidos tendrá más peso que el de un desconocido psicólogo inglés,
-          ¡Papá no me dijiste habías hecho eso!
-          Como te dije yo me haré cargo, Ana va a enfrentarse a mí, y ya que hizo su movimiento, es mi turno,
-          ¿Qué harás?
-          Una cosa, quiero hacerles una petición,
-          ¿Qué papá?
-          Alice y Davison me hicieron el favor de prestarme para esto, - el señor Alfonso les estiró unos boletos de avión – y facilitarme una propiedad de él cerca de la playa en Oregón donde quiero estén hasta que el juego de ajedrez entre Ana y yo concluya,
-          Papá sé enfrentarte a mi madre no es fácil, no sé que opine Paula pero dudo sea oportuno dejarte solo,
-          Concuerdo contigo, sin ofender mi amor pero tu madre es una arpía – Pedro asintió ante tal calificativo -
-          Por favor, esta es una batalla que debo pelear solo, se los ruego –ambos intercambiaron una mirada y abrazaron al señor Alfonso –
-          Somos familia y las peleas se hacen juntos,
-          De acuerdo, pero les agradecería me dieran la oportunidad de darme el gusto de verlos disfrutar de una semana en Oregón y luego como familia enfrentamos a Ana Morgan
-          Hecho,

Una vez lejos su hijo y futura nuera así como su nieto, Horacio Alfonso dio su primer movimiento en el tablero. Perfectamente consciente de cuanto había luchado Ana por hacerse de un buen nombre, no le causó gran sorpresa cuando tras una pequeña nota publicada en un diario de poca circulación tuvo a ana frente a él con ojos que centellaban

-          ¿Cómo fuiste capaz de esto? – la pequeña nota hablaba de un mujer de humilde procedencia que había subido en la sociedad inglesa gracias a un engaño, la nota terminaba prometiendo la continuación de la historia en una próxima edición –
-          No veo por qué tu sorpresa Ana, te lo advertí, tú hacías algo contra mi familia y yo actuaba
-          Sabes cuánto puede perjudicarme esto – sus ojos se llenaron de lágrimas -
-          El drama no funcionará esta ocasión, hace años te lo creí, “por favor Horacio no lo hagas, si presentas esas pruebas dañaras a Morgan y mi hijo crecerá sin su padre”, pero curiosamente fue así, tu hijo creció sin su padre,
-          A Dios gracias, Pedro no sería nada si en lugar de decirte el hijo era de Morgan, hubiera confesado la verdad, él me debe la vida tan buena que ha llevado,
-          Pedro te debe haber crecido al lado de un hombre que nunca fue capaz de darle amor, de respaldarlo en los momentos difíciles de su vida, pero cómo lo iba a hacer si no era su hijo, por suerte siempre contó con su hermano, gracias a Federico, Pedro no se perdió y es un hombre bueno capaz de amar,
-          Morgan siempre lo quiso eso puedo firmártelo, fue el único hijo que pudo engendrar gracias a mi astucia,
-          ¿Él no sabía que Pedro no era su hijo?
-          Por supuesto no, recuerdas el día cuando hice un viaje con él para cerrar una inversión, Morgan se emborrachó tanto que lo ayudé a subir a su habitación, estando ahí tuve una brillante idea, si él creía había pasado la noche conmigo y luego le informaba yo que estaba esperando un bebé, mi vida cambiaría, dejaría la pobreza para siempre,
-          ¿Te das cuenta que usas a nuestro hijo para conseguir tu vida perfecta?
-          Totalmente, cuando yo fui a ese viaje tenía la intención de aprovechar esa oportunidad para abortar, pero cuando tuve tan borracho a Morgan, supe en lugar de deshacerme del bebé, lo podría aprovechar para mi beneficio,
-          Ya no quiero seguir oyéndote, sólo vine a decirte el periódico seguirá publicando la historia sin nombres, pero si tú  no dejas en paz a mi familia, lo mismo aparecerá en una revista de sociedad con nombres y datos concretos,
-          Tú no te atreverías,
-          He  cambiado Ana,
-          Vamos a discutirlo querido,

En la semana de ausencia de Paula y Pedro, tanto Ana como Horacio hicieron los movimientos pertinentes en el tablero de ajedrez, para cuando regresaron el juego se encontraba en la parte final, con algunos menoscabos de ambas partes,

-          Papá no debimos dejarte solo
-          Fue sólo una pequeña recaída – en sus múltiples peleas había logrado Ana hacerlo tomar una copa de vino – por suerte Alice y Davison me ayudaron a no tocar fondo,
-          ¿Y si no hubieran estado ellos?
-          Por ustedes no me hubiera dejado caer – Pedro abrazó a su padre y Paula comenzó a sentir una efervescencia terrible en su estomago, primero esa mujer había amenazado a su hombre, luego a ella la había intentado hacer pasar por loca y ahora su ataque había sido contra su querido suegro, era momento de tomar las cosas en sus manos, tomó su bolsa ante la mirada estupefacta de ambos hombres –
-          Mi amor a dónde vas
-          A ver a Ana Morgan
-          ¿Para qué?
-          Es hora de que Ana y yo tengamos unas palabras de madre a madre
Ni todo un regimiento hubiera podido impedir que Paula hiciera lo que su corazón le indicaba, Ana había tenido los ovarios para mentir y dañar, ella tendría el doble para proteger a su familia,
-          ¡Que sorpresa!, a qué debo el honor de tu visita
-          Quizás el hecho de haberme tratado de meter a un psiquiátrico sea suficiente razón para tenerme aquí, aunque si le sumamos sus amenazas a mi futuro esposo y el daño hecho a mi suegro le puede dar una idea a que se debe mi visita
-          Mi tiempo vale oro, así que te pido te vayas, no estoy para desperdiciarlo hablando contigo,
-          Mi felicidad igual vale oro, por ello voy a exigirle se regrese a Londres y si quiere cásese usted con Judith, porque Pedro no lo hará, ¿estamos claras?
-          No, no lo estamos, Pedro me obedecerá, le guste o no,
-          Por Dios señora, usted es madre, ya le ha arruinado a Pedro por su avaricia tres veces la vida, ¿quiere hacerlo una cuarta vez?       
-          A Pedro únicamente lo he ayudado
-          Según usted en qué
-          Evité creciera siendo hijo de un Don nadie, le conseguí dos esposas cuyas aportaciones a nuestra riqueza la hizo duplicarse y ahora le estoy poniendo una mina de oro en sus manos, casándose con Judith el mundo estará a sus pies,
-           La riqueza no lo es todo en esta vida, por Dios déjelo ser feliz se lo ruego por la memoria de Federico,
-          No soy de las que se conmueven con niñerías querida,
-          Es usted un monstruo,
-          Niña ese casi es un cumplido a comparación de todos los insultos recibidos en mi vida, soy una mujer que sabe cuanto quiere y no se para hasta conseguirlo,
-          Quizás ya se encontró con la horma de su zapato, alguna vez alguien me dijo si encontraba al hombre quien me volviera loca no lo dejara ir y déjeme le informo ese es Pedro, voy a luchar con todo por él, por nuestro hijo y mi suegro, ¿va a irse por las buenas o quiere seguir la guerra teniéndome a mí de contrincante?
-          Pelearemos, no me das miedo
-          Bien, espere noticias de mí.

Esa misma noche Paula hizo varias llamadas con sus contactos, a la mañana siguiente de confrontar a Ana tuvo a una editorial interesada en publicar las memorias de Federico Alfonso y ella misma se encargaría de redactarlas junto con su suegro así como con ayuda de Pedro, 

-          ¿Tú crees esto pare a mi madre?
-          Espero sea así y además está la entrevista que le harán al señor Alfonso en esa revista de sociales, ¿verdad suegro?
-          Por supuesto,  - el señor Alfonso asintió con pesar -
-          ¿Papá pasa algo?
-          Esto va a dañar tu reputación hijo, todo el mundo sabrá no eres un Morgan
-          Y yo estaré muy dichoso con que sepan eso, sobretodo porque desde ayer legalmente soy un Alfonso– Pedro le mostró su acta de nacimiento y los ojos del señor Alfonso se llenaron de lágrimas –
-          Mi amor ya la tienes
-          Así es, por tanto podemos casarnos conforme a lo planeado.
La publicación de la historia del origen de Ana Morgan causó gran revuelo, aparte de la revista el señor Alfonso tuvo la oferta de hablar del tema en la radio, en la televisión y en varios periódicos, la mayoría de los entrevistadores coincidían en situarlo en la categoría de prácticamente un santo y a Ana Morgan como la gran mala del cuento. En vista de toda la situación, Pedro decidió confrontar a su madre,
-          ¿Qué diablos quieres aquí?
-          Vine a decirte que si tú lo quieres todo esto puedo terminar, si nos dejas en paz, la información dejará de correr por los medios, sabes viene la peor parte,
-          No me digas, ¿qué más mentiras va a decir ese hombre sobre mí?
-          Sobre ti nada, pero si se revelara que yo soy hijo de él y no de Morgan,
-          Si haces eso toda la fortuna Morgan será únicamente mía,
-          De hecho esa situación es una realidad ya, considerando que desde hace días legalmente deje de ser Pedro Morgan, para convertirme en un orgulloso Alfonso
-          ¿Qué has dicho?
-          Me cambié el apellido madre,
-          ¡No fuiste capaz de hacer semejante estupidez!
-          Para mí ha sido una de las decisiones más trascendentales de mi vida, sé para ti la fortuna Morgan era muy importante y ya que eres la única heredera, ¿quieres regresar a Londres antes de que tu reputación quede por los suelos?, todo será para ti, ¿qué dices me dejas ser feliz con la mujer a quien amo?,
-          Algún día vas a arrepentirte de tu decisión, Judith sería tu dicha
-          En lo más mínimo madre, Judith luego de unos meses se convertiría en uno más de mis fracasos,
Con un intercambio justo al punto de vista de Ana regresó a Londres para hacer su vida con la gran fortuna de su difunto esposo M. Morgan y a todo aquel quien osaba preguntarle por Pedro sólo decía “él tomó un camino lejos de mí”. Y efectivamente era así, Pedro había tomado el camino de la felicidad.
Paula siempre le habían parecido un tanto cursis los finales de las películas donde todo era miel sobre hojuelas, pero ahora viviendo su propio desenlace feliz le parecía un sueño, caminando hacia el altar de mano de Horacio Alfonso, el nervioso hijo de su acompañante la esperaba para desposarla con una sonrisa de lado a lado. Al llegar a su lado, Horacio Alfonso depositó su mano en la de Pedro, diciéndoles a ambos con la más dulce de las sonrisas cuan dichoso se sentía de estar vivo para disfrutar de ese momento,
-          Siempre me recriminé haberme dejado llevar por ella, porque no tendría la dicha de ver a mi Federico unirse con la mujer con quien hubiera elegido para compartir su vida, para mi suerte nuestro gran ángel me dio la fortuna de acompañar a mi otro hijo en este momento tan especial; Pedro para Federico, Paula era la mujer capaz de hacerte feliz y tú eras el hombre con todo lo necesario para brindarle a ella todo cuanto una mujer sueña, sé podrán ser muy felices.
La ceremonia incluyó la típica pregunta de “¿alguien sabe alguna razón por la que esta pareja no deba unir sus vidas?”, ante ninguna repuesta el padre consagró la unión y los dichosos novios sellaron su amor con un beso. Los recién casados aprovecharon su luna de miel para realizar un viaje familiar, el señor Alfonso se encargaba de cuidar al pequeño Fede en tanto ellos disfrutaban de su amor en la privacidad de una coqueta habitación,
-          ¿Feliz? – Paula podía jurar esa palabra no englobaba todo cuanto sentía, su corazón parecía estallarle –
-          Mucho más que feliz, ¿y tú?
-          Igual, te amo,
-          Y yo a ti
Pedro la besó lentamente y cubrió su cuerpo, definitivamente lo dicho por ella era cierto, las aventuras largas no funcionaban, pero las relaciones si pueden tener muchas tomas de momentos especiales por muchos años.

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El final de la nove llego! Espero que les haya gustado la nove!! n unos dias empiezo otra!! Cmenten! Y perdon por la hora de subir, pero bueno... jajajaj 
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