Paula se movió en la fría grada de cemento y cerró los ojos feliz. Se arrebujó en el jersey del grupo de caridad de la iglesia y absorbió el momento. La fresca noche de otoño. La marcha de la banda y el cántico de las animadoras. El resplandor de las luces que iluminaban el campo en la noche por lo demás oscura. El olor a palomitas, a perritos calientes y a chocolate caliente. La oleada de entusiasmo colectivo en las gradas y en el campo.
—Tierra a Paula.
Parpadeó y vio la mano pecosa de su mejor amiga, Beth, delante de su cara.
—Me encantan los partidos de fútbol.
—Sí —suspiró Beth—. ¿No está guapísimo Chuck Lamont con su ropa de deporte?
Paula puso los ojos en blanco y sonrió. Era una pregunta retórica. Beth no esperaba una respuesta.
Sintió un hormigueo en la nuca... la sensación de que alguien la miraba. Giró la cabeza. Justo al borde de las gradas había un grupo bullanguero, que atraía las miradas de desaprobación de los padres. Se sintió atraída hacia los ojos azules de Pedro Alfonso, un poco apartado de esa multitud. Duro. Salvaje. Mayor. El estómago se le atenazó y el corazón se le aceleró al tiempo que la invadía una oleada de timidez. Él movió la comisura de los labios en un amago de sonrisa.
De no saber que era imposible, por un momento fantasioso podría pensar que uno de los chicos más sexys del instituto coqueteaba con ella. Intentó devolverle la sonrisa. La incomodidad que sentía produjo algo más parecido a una mueca.
Apartó la vista antes de quedar como una absoluta tonta.
—Bueno, ¿quién quiere la exclusiva? —la voz de Amy Murdoch flotó desde dos filas más adelante hasta Paula y Beth.
Lucy Jacobs y Melissa Bowers, sentadas a ambos lados de Amy, manifestaron con chillidos su entusiasmo.
Beth hizo una mueca, imitándolas.
—Suenan como cerdos engrasados en una carrera —musitó.
Agradecida de poder concentrarse en cualquier otra cosa que no fuera su intercambio imaginario con Pedro, Paula rio de forma disimulada.
—Sí, más o menos.
Aunque Amy bajó la voz a un nivel de conspiración, les llegaron fragmentos. Lucy y Melissa jadearon de forma visible.
—... despreciable...
—... en la sangre de ella... su madre huyó... otro hombre...
—... Paula... honor... sociedad... nació... igual...
Paula contuvo las lágrimas y sintió la humillación. No hacía falta ser un científico para rellenar los espacios en blanco en la conversación.
Se puso de pie con el deseo de escapar.
—Zorras —musitó Beth, mirando el vaso con chocolate caliente y las espaldas de ellas—. Reúnete conmigo en los aseos. Tengo que ocuparme de una cosa.
Dulce bajó por las gradas y se lanzó detrás de ellas, desesperada por encontrar un sitio en el que ocultarse. Se obligó a respirar de forma entrecortada. Las palabras no paraban de darle vueltas en la cabeza, quemándola con su veneno... Paula... nació igual... En la oscuridad, se pegó al cemento frío.
Alzó la vista un momento. Pedro Alfonso entró en las sombras con ella. El corazón de Paula se puso a latir con frenesí. Con una mano enguantada se secó el goteo de lágrimas detrás de las gafas.
—¿Paula? ¿Te encuentras bien? —las manos grandes la tomaron de los hombros. Ella experimentó un temblor.
—Estoy bien —graznó.
Debería sentirse amenazada. Pedro medía un metro ochenta, con hombros anchos, aparte de que reinaba la oscuridad detrás de las gradas. Pero parecía preocupado de verdad.
—¿Estás segura? —con las manos enguantadas trazó unos círculos en los hombros de ella.
A pesar de las capas de ropa y guantes, su contacto le produjo un cosquilleo que nunca antes había experimentado.
Se acomodó las gafas sobre la nariz.
—Sí, estoy bien —contuvo el aliento. Nunca había imaginado cómo olía un chico de cerca. Distinto que las chicas. Interesante. Excitante.
—Bien.
Otras .chicas lo habrían anticipado, pero la sorpresa la inmovilizó cuando él se acercó y la besó. Había soñado con besos. Había leído sobre ellos.
Pero nada la había preparado para lo verdadero. La boca de Pedro se pegó a la suya, dura y caliente. Se inclinó hacia él y se lo devolvió, entregada a la necesidad espontánea que la atravesó.
... Paula... nació igual... Se dijo que no podían tener razón. Pero ese era el modo exacto en que se comportaban las chicas que habían nacido en los barrios bajos. ¿Por eso él la había seguido? ¿Besado? ¿Acaso era fácil? ¿Despreciable?
Horrorizada, se apartó de Pedro. Corrió fuera de las sombras a la mayor velocidad que la llevaron sus piernas temblorosas.
No era así. No lo era y se lo demostraría. A ellas. A él. Y a sí misma.
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Mmmmmmmmmmm, me encantó. Espero q subas más de un cap x día jaja
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